domingo, 26 de junio de 2016

En mi cuerpo los latidos de tu pecho

El grillo de mi terraza nunca cesa. No descansa. Recuerda constantemente que sigue ahí. Canta toda la noche, excepto cuando coge aire para respirar. Y luego sigue.

Y de repente llegas tú, que llenas todos los huecos de mis desagües sanguíneos. Y le mando callar, porque este cortejo me toca a mí.

Que a pesar de los inviernos, tus imanes siguen haciéndome girar. Ante tus ojos voy y vengo. Empiezo a acercarme. Y me protejo. Voy abalanzándome. Y me escudo. Me vacío. Y retrocedo. Como una niña torpe que descubre, de repente, la imprudencia del amor.

Hasta que me desnudo. No siempre, no a tiempo. No con orgullo. No sin miedo. Pero hasta el final.

Y te digo que te quedes. Que nuestro mundo ha cambiado en tantas cosas...pero en mi pecho todo ha crecido. Que tu vida aflora en mi piel. Que sigo adorando tu cabecita brillante y tu pasión. Que verte crecer ha sido un hito bello y sublime. Y que sigo reservándome un asiento en platea para no perderme ni un segundo más de todo lo que te queda. Que la impaciencia de vida que me provocas, siempre ha sido inédita. Que solo nosotras sabemos reírnos de nuestros estropicios. Que puedo vislumbrar un futuro. Un futuro de euforia y camas grandes. Un futuro de hogar, que podría empezar mañana o ahora. Que podría, por fin, cumplir todo lo que un día soñamos.


Que en mis manos...siempre. Siempre, seas eterna.

lunes, 11 de enero de 2016

Si no puedes tapar tus vacíos...hazlos jardín

Es preciso, a veces, dejar de esperar endorfinas, deshinchar pupilas. Aceptar los grises como finalidad. 

Y así decido mi nueva perspectiva vital. Me obligo a aceptar duelos, tirar llaves y dejar de recrearme en las despedidas. Así encuentro nuevos placeres e impulsos renovados. Y de repente algo aparece. 

Vuelvo a mi vida entre satélites de ondas pegadizas. De personitas que solo entienden de bienvenidas y locuras low cost como lo único realmente necesario para sobrevivir. 

Resurjo en la música como levadura al corazón. Reconociéndome entre harmonías imposibles como antídoto a todo pasado. 

Encuentro la timidez como antesala al intelecto. La simple apetencia a un abrazo, un roce, que no huele a dolor.


Aun no sé cómo, pero todo marcha suave y he vuelto a salvarme.

martes, 7 de abril de 2015

Ni valor ni miedo

Los adentros de mis adentros han caído en un pozo sin fondo.
Es lo que suele suceder cuando acumulas continentes dentro de más continentes, por esconder contenidos poco claros o demasiado ciertos. Cerrar la caja fuerte, esconderla en una pequeña sombra inocente y tirar la llave en los baños de alguna discoteca mainstream.

Mi madre solía decirme que sí, que el dolor nos hace sentir vivos. Siempre y cuando aún fueras capaz de notarlo en la piel, en los pulmones. Sino solo quedaba algo como un hueco, un agujero negro apático y apátrida.

Hoy me sorprendo reconociéndome en un maldito cuerpo envasado al vacío.

domingo, 6 de julio de 2014

Amor, reglas y alpinistas

Después de aquella mujer mi corazón se quedó como una aldea saqueada. Es normal que surgiera rencor desde mis tripas. Yo ya sabía desde el principio que apostaba a caballo perdedor, que aquellos ojos eran dos pozos sin fondo y aún así quise jugar. Supongo que escribo todo esto para entender y explicar que, a veces, al cruzarte con alguien, hacen falta dos cosas: conocer de qué pasta está hecha esa persona antes de poner a su nombre nuestro porvenir y no sobrestimar nuestras fuerzas, porque hay paredes que nunca se dejan escalar, montañas imposibles por mucha destreza que tengamos como alpinistas.

- Marwan

viernes, 25 de abril de 2014

Como se descubren los diamantes

Eres
un misterio que se dobla y se abre sin malicia
cuando creía que ya nada podría asombrarme.
Una pena envuelta de deseos que desvisten una risa.
Dos ojos que, ya lo he dicho, se empeñan en delatarte.
Todo lo que no sabré de ti aunque me lo digas.
Un susurro combustible que incendia
cada uno de mis miembros.
Un volcán que nunca estuvo apagado
y se enciende con caricias.

Eres
la dulzura recóndita de todo lo salado,
la vergüenza genuina convertida en descaro,
esta durísima ternura entre mis piernas,
la jodida distancia en que te tengo y te extraño.

Eres
el miedo más valiente,
la pregunta del mañana,
el futuro en la maleta,
el poema de tus ganas.

Eres
la voracidad de tus labios,
la avidez de tus manos,
el hambre de tu coño,
mi urgencia por alimentarlos.

Eres
orgasmos telefónicos encadenados
entre tu cama prestada
y la puerta de un Mc Donalds que,
por suerte o por justicia, a mediodía seguía cerrado.

Eres
las palabras que sin darte cuenta vas derramando.
La complicidad con o sin ropa que forjamos.
Tu pudor que, cuando te acuerdas de buscarlo,
siempre lo encuentras mojado.

En realidad
todavía no sé quien eres,
pero cuando vuelvas a casa,
piel con piel,
mente con mente,
desde fuera
y excavando en ti,
profundamente,
como se descubren los diamantes,
voy a intentar averiguarlo.

"Carlos Salem"

jueves, 24 de abril de 2014

Un adiós de los grandes

En un agujero en la piedra, con polvo y escombros, frio y oscuro, con un poco de cemento y silencio. Así terminamos todos cuando la vida no puede más. La belleza o la frialdad del momento no se rigen bajo ningún baremo que toque en lo que se haya hecho aquí. Unos lo llaman paz, otros crueldad.

Puedo contar que te has ido dejando, al menos, seis almas quebradas. Seis que necesitan marcharse a sus refugios para aceptar tu adiós. Y la séptima, más adelantada y más fiel que las demás, no puede esperar a volver al hogar, ya que apenas siente que pueda seguir llamándolo como tal. Y es que tu no podrás volver.

Pero, entre llanto y ausencia, encontramos un espacio para recodar. En tu memoria agarramos fuerte tus letras de saber tirar siempre adelante, protegernos entre nosotros y buscar una nueva estrella a la que seguir en madrugadas difíciles. Nos aferramos a aquella época en la que tu dopamina no jugaba en este ring. Y resurgen admiraciones que de repente hace más felices nuestra infancia, gracias a ti.

No te dedicamos palabras, no emitimos sonidos, no habrá en estos días versos que no supieras ya de nosotros. Ni siquiera nos despedimos apenas. Solo nos arrastramos hacia todo esto que no pudimos evitar.

Estamos asustados y desamparados. El miedo y la soledad nos invaden.

Tú llenas un agujero con apenas espacio para nada más. Aquí dejas huecos llenos de vacío y brechas llenas de pérdida. Esta sí se engancha a los tobillos, a peso y en silencio.