lunes, 1 de mayo de 2017

Contra marea

El pecho me aprieta. Mi respiración se ahoga. Vuelvo a sentir.

Y ahora me arrastra este río que yo misma inundo. A mí, que siempre supe nadar a contracorriente.

Me veo, temblando de miedo, entre tus brazos. Como una niña aterrada de todo. Por todo, menos por ti. Clamo al cielo, me grito fuerte a mi misma. Otra vez he vuelto a traicionarme. 

Te digo adiós, porque sé que ya es lo único que puedo hacer. 

Con mis ansias de caer en ti.
Con tu corazón magnánimo. 
Con mi forma de abrirte mi mundo sin ni siquiera darme cuenta. 
Con tu forma de librar batallas sin esperar trofeos.
Con mis ganas de buscar tu pecho donde descansar.
Con tu magia en cuestionar mis incendios sin quemarme. 
Con mi rebeldía y rendición descontrolada por ti en una cama. 
Con tu grandeza en excitar mi mente y erizar mi piel. 
Con mi forma de regalarte mi espacio vital sin miedo al dolor.
Con tu forma de leerme todo aquello que callo pero deseo que veas.
Con mi torpeza en dejarte ir y querer, luego, que vuelvas antes. 
Con tu insistencia en adorarme aunque yo no la entienda.
Con mi confianza ciega en ti.
Con tu admirable habilidad por hacerme sonreír. 
Con nuestra forma de cuidarnos.


Te llevaré siempre cerca. 

Porque en tus ojos me siento fuerte. Porque en tu mirada estoy viva.

domingo, 16 de octubre de 2016

Ocean

Una noche de verano en la playa conocí a Ocean. Que escenario tópico más vainilla para algo tan poco común…

El mojito se me derretía en los labios mientras ella invadía sin preguntar casi todo mi espacio vital. Y yo, como si jamás hubiera jugado antes a este juego, me revolvía en mi metro cuadrado intentando controlar la efervescencia de mis manos. Pero ya podía buscar con la mirada puntos de fuga, cuando ella apostaba al descaro y abría veda a la indecencia des del minuto uno.

Que fácil parecía escapar luego. Era la primera vez, de muchas, que la subestimaba erróneamente.

Y aquí me veo, mientras ella lee la pantalla de mis caóticos pensamientos sin permiso. Y yo pretendo alcanzar quién es detrás de la cortina y quién no es detrás de mí.

Ella, que comprende mi nihilismo de domingos, me regala aquellas ventanas de horizonte que tantas veces acabé malvendiendo.

Ocean me obliga a huir hacia adentro. Y yo, aún estoy aquí, luchando contra el lujo de tocarla.

lunes, 10 de octubre de 2016

Destrózame - Crisal Rodriguez

"AMOR: ESTADO ALTERADO DE CONCIENCIA
AGRADABLE
QUE NO QUEREMOS QUE ACABE
NUNCA.



Tu
me dices que me amas,
pero es tu dopamina la que habla.
Desbocada.
Es tu hipotálamo
liberando hormonas que te hacen sentir
tan bien.

que si no te diera lo que sin saber me pides
instintivamente
me dejarías de querer

Y aun y así
te miro,
desde la otra punta del sofá.
Como solo puede mirarte una mujer
que se siente
por ti
intensamente amada.
Y aunque se,
se que estás drogado, alterado
sin remedio, un animal encabritado…
yo
lo estoy también….

Yo, que tanto se,
yo que no necesito a nadie,
yo que tengo fuerza para sostenerme y sosteneros a todos en pie
Hoy quiero dejarme caer
en ti. Que me recojas
y que me abraces.
Que me recuerdes que estás
aquí
y que aunque no me necesitas para ser feliz,
estás tan feliz de conocerme!

Yo que tanto se,
que te desmonto tus preferencias vitales
a golpe de psicología junguiana
y Freud y Victor Frank a mis espaldas…
que veo tus neuronas como luciérnagas aceleradas
Hoy no quiero entender.
Hoy voy a navegarte.
Dejaré mi tierra de “Ya lo se” ,
con nuestras discusiones infinitas
acerca
de si soy libre,
o de si respondo a mi destino,
o de si la pregunta está mal formulada
porque
¿qué significa ser libre
si no soy responsable
de mis propios actos?
Si mi libertad
es una costumbre
y no una elección.
Si es una reacción
y no una elección.
Si soy la ciudad que queda
del pueblo que construí ayer
cuando me faltaba tanta información.

Me preguntas “Quién soy?”
“Por qué estoy aquí?”
“Por qué contigo?
Yo que siempre tengo respuestas
me he quedado sin certezas.
Cada verdad que pronuncio
dura
el instante que hay
entre un beso tuyo
y el siguiente.

Porque amor…
una vez entras dentro,
ya no hay vuelta atrás:
la transformación es inminente.
Me abrirás…
me abrirás…
Cada vez que entras en mi
algo muere.
Cada vez que entras en mi
algo nace.
Sin hablar,
te defines por ti mismo.
Tu sí eres certeza.
Tu sí eres poder.

¡Amor, VEN!
¡Destrózame!
Rompe mi corazón en mil pedazos
hasta que solo YO quedé en pie.
Quema mis ideas. Pon a prueba mi fe.
Pon a prueba que crea en ti,
en ella, en él, en ella, en él
tanto como creo en mi.

Te invoco, hipocampo
Amígdala, ven.
Activaos, circuitos de dolor y
circuitos de placer.
Venid con recuerdos de antaño,
con taquicardia,
temblor en las piernas
y sudor en las manos,
Se
que volverá todo
amagado bajo tu piel.
Pero esta vez,
voy a mirarte de frente
esta vez,
yo ganaré.
Y si tu te atreves,
si tu te atreves,
tu
ganarás también."

- Crisal Rodriguez

lunes, 26 de septiembre de 2016

Consciencia provisional

Dime dónde estás, dónde te escondes. Dime cómo te llamas, porque aún no te conozco. O sí, quién sabe.
Hazlo como quieras, pero aparece algún día.
Déjate caer por aquí como si solo fueras de paso y de repente te tropezaste. Como empiezan todas las cosas que revuelven las vidas.

Aparece como una bomba ácida que implosione mi rutina simulada. Como una gata terremoto que se sacie con lo pequeño pero significante. Con actitud de volver de casi todo para reiniciar errores en lunas tropicales. 

Te quiero en mi esquina ahora, jugando a diseccionarnos en los lugares más insólitos y escondernos del mundo un ratito más. Te quiero allí en Madrid, coleccionando la poesía de neorrabioso en los contenedores. Te quiero en el Raval de Barcelona andando de noche sin miedo, persiguiendo la riqueza de todo aquello que nos rodea. Que obviamente, no es capital.

Ven ya. Acercarte solo un poquito...
Que no tengo ya tiempo que perder en creencias románticas y sin fecha de caducidad. Cuando lo trivial sea decidir si te follo sentada contra la pared o me dejo lamer todas las heridas para que luego me las florezcas con orgasmos. 

Necesito volar, dejarme caer sin red de matices. Saber que existes. Aunque sea solamente para rechazarte. Y dejar de tenerle miedo a la felicidad efímera

sábado, 23 de julio de 2016

Diosas

Me gustabas cuando aparecías entre tormentas, con ese andar tuyo de volver de todo. Que aunque hubieran pasado meses o años (nunca tanto, no te engañes), eras capaz de agarrar el tiempo por la espalda como si fuera ayer.

Me gustabas en tus miedos, en tus dudas con reservas, con mis llamadas de madrugada. Que a pesar de tus fantasmas, sabías que mi silbido era un secreto a voces de tu presencia.

Me gustabas en tus pies de gata, tu descaro sin matiz de decencia. Para qué.

Me gustabas en tu precaución que duraba minutos. Minutos que separaban tu boca de mi nuca, que eran como un disparo a quemarropa con premeditación.

Me gustabas en tu pasión. Ese escenario y función que solo tu sabías crear. Tu imaginación y creatividad explotada en la nada excepto aquí.

Me gustabas en tu ring privado. En el que tu victoria estaba amañada con años de antelación.

Me gustabas con poca luz. Donde mi colchón ya conocía tus huecos. Y mi cuerpo se convertía en tu extensión allí donde me llevaras.

Me gustabas en tu desenfreno. En nuestro juego de sexo sin fin. Como sustento y deseo vital.

Me gustabas en tu obsequio de intimidad. Que me regalaras tu perfecta desnudez a deshoras. Tu espalda como pilar de mis sueños. Tus pechos implacables donde podía perderme toda una vida. Joder, cuanto me gustaban.

Me gustabas con tu cara de placer irrefrenable. En tus ojos perdiéndose y encontrándose en todas partes. Las mías.

Me gustabas en tu bondage y dominación. Cuando quisieras, como quisieras, donde quisieras. Allí donde nuestra mente y nuestro cuerpo enloquecían y se transformaban en mucho más. Mucho más que aun tienes pendiente.

Me gustabas cuando mi religión se convirtió en creer que la vida podía arreglarse y crecer en una cama. Durante horas, en cuestión de minutos, después de la siesta o al terminar un derbi. Cuando mi religión era tu piel y un cigarro.

Me gustabas exhausta, dormida a mi lado. Despertarme entre sueños y mirarte de nuevo. Buscando cualquier roce que hiciera eterno nuestro lienzo. De estar aquí, a tu lado. Esta noche y mañana. 


Me gustabas. Me gustas. Me enloqueces como la dueña entre mis entrañas, entre mis piernas. Donde nadie alcanzará (no te mientas) como nosotras. Donde el mundo gira mucho más deprisa. Donde el amor es superlativo.

viernes, 15 de julio de 2016

Ansiedad y frío

"Qué frágil mi orgullo a punto de suicidarse, qué húmedos mis labios soportando lo que callas.

Y qué bonita tú, joder.
Aun cuando te escapas de mis manos."

domingo, 26 de junio de 2016

En mi cuerpo los latidos de tu pecho

El grillo de mi terraza nunca cesa. No descansa. Recuerda constantemente que sigue ahí. Canta toda la noche, excepto cuando coge aire para respirar. Y luego sigue.

Y de repente llegas tú, que llenas todos los huecos de mis desagües sanguíneos. Y le mando callar, porque este cortejo me toca a mí.

Que a pesar de los inviernos, tus imanes siguen haciéndome girar. Ante tus ojos voy y vengo. Empiezo a acercarme. Y me protejo. Voy abalanzándome. Y me escudo. Me vacío. Y retrocedo. Como una niña torpe que descubre, de repente, la imprudencia del amor.

Hasta que me desnudo. No siempre, no a tiempo. No con orgullo. No sin miedo. Pero hasta el final.

Y te digo que te quedes. Que nuestro mundo ha cambiado en tantas cosas...pero en mi pecho todo ha crecido. Que tu vida aflora en mi piel. Que sigo adorando tu cabecita brillante y tu pasión. Que verte crecer ha sido un hito bello y sublime. Y que sigo reservándome un asiento en platea para no perderme ni un segundo más de todo lo que te queda. Que la impaciencia de vida que me provocas, siempre ha sido inédita. Que solo nosotras sabemos reírnos de nuestros estropicios. Que puedo vislumbrar un futuro. Un futuro de euforia y camas grandes. Un futuro de hogar, que podría empezar mañana o ahora. Que podría, por fin, cumplir todo lo que un día soñamos.


Que en mis manos...siempre. Siempre, seas eterna.