martes, 27 de agosto de 2013

Felices 25

Una pequeña idea, preparativos durante días, ilusión y nervios, regalos en maletas, tu gente sonriendo, diversión y celebración.

- 25...Es un numero bonito, ¿verdad?
- Doble cifra e impar, casi redondo. Sin duda.
- ¿Celebraremos muchas cosas este año?
- Muchísimas. Ya verás. Por todo lo alto.

Qué iba a decir, tengo que admitir que ese plural del "celebrareMOS" me impactó. Contaba con un año más conmigo, por lo menos. No dudó un segundo en incluirme en este año que va a ser para ella tan duro y tan satisfactorio a la vez. Un año de últimos esprints y metas alcanzables y palpables.

Mentiría si negara que me muero de ganas. Por seguir apoyándola sin vacilar y encargarme de preparar más y más celebraciones, que sin duda se ganará. 

A veces la felicidad es casi sólida. Como una sutil aura que flota en el ambiente. Que casi puedes percibir a simple vista. Estos días lo era. La suya, la nuestra. 

Por todo lo alto, sí señor, lo celebraremos.
Agárrate fuerte, que vamos.
Mi pequeña guerrera.

miércoles, 26 de junio de 2013

Leo poesía,
como quien lee el periódico
a las 3 de la madrugada.

La leo en la terraza
de mi piso,
que tampoco es mío.

Mientras un vecino le grita
a su mujer, su novia, su amante
o como sea que la considere.

Le llama "puta" una y otra vez
rompiendo sin parar objetos de su piso,
que tampoco debe ser suyo.

Se llena la boca
con cada una de las cuatro letras,
inculcando miedo.

Y lo consigue.
Más allá del radio
que él imagina.

Hasta que el estruendo cesa.
Alguien ha llamado a la policía.
Y no he sido yo.

Poema en ayunas - Carlos Salem

Dos bandos irreconciliables
mis amigas.

Unas lamentan que ya no sea
aquel cabrón jactancioso
que iba contando polvos
como el que cuenta los charcos
que ha pisado en cada esquina.

Dicen que has llenado de almíbar
mi poesía.

Otras celebran
que por fin hable de cosas
que le ocurren a cualquiera
que me sepa vulnerable y mortal
y conozca el miedo a perder
en el momento exacto
en que voy ganando.

Dicen que ya me lo merecía.

Aumenta la hostilidad entre ambos bandos.
Pronto comenzaran los ataques preventivos.
La guerra parece inevitable y lo sabía.

La próxima vez que nos veamos
amor
quitate el alma
y déjala caer a los pies de la cama
que yo volveré a desnudarme
de los uniformes a medida
que me han cosido mis amigas
para zambulirme en ti
y revolcarnos en salado almíbar
o beber el vino de tu copa que nunca se vacía
mientras la gente
afuera
se mata por decidir
si eres buena o mala

para mi poesía.

sábado, 15 de junio de 2013

Regalos bien guardados

Es preciso quedarse quieta, a veces. Decidir observar y callar, sin marcharte. Ocurre a menudo cuando ella esta cerca, en alguno de sus esplendores. La necesidad imperiosa de admirar sus detalles, analizarla lo justo para conocerla y anticiparla pero sin quitarle la esencia, se hace inevitable. 

Suele pasar cuando queremos registrar momentos, rostros, hechos marcados, reacciones y expresiones brillantes. Procuramos atender, observar concentrados, para que no se escapen, para que no se disipen pocos segundos después y quedárnoslas. Aun con la consciencia de la dificultad de almacenar demasiados recuerdos fotográficos, nos esforzamos en trasladarlos a la memoria y agarrarlos fuerte.

Después de años de esfuerzo he conseguido retener imágenes, no demasiadas a mi pesar, que le pertenecen gracias a la pasión que me suscita. Hablo de sus sonrisas. Gozo de su amplio repertorio, esperando siempre identificar una nueva que me fascine. Como una niñita pequeña, las contemplo, las provoco y las disfruto para hacerlas perdurar.

Aunque todas ellas tengan un claro parecido, cada una despunta diferencias mágicas. Aparecen como sonrisas sencillas, encantadoras, enloquecedoras, grandes, seductoras, pegadizas, a medias, alegres, ruidosas, hermosas, cautivadoras... La sonrisa de haber logrado algo, la sonrisa de satisfacción por haber cumplido un deseo o un duro esfuerzo. La sonrisa humilde de disfrutar de personas queridas en su rutina. La sonrisa de realización por haber aprendido algo nuevo que le alimenta el intelecto. La sonrisa de despertar en un día nuevo con fuerzas y ganas de arrancar. La sonrisa de lujuria en momentos de instintos de deseo y efervescencia. La sonrisa de diversión en cosas sencillas. La sonrisa de gratitud sincera ante apoyos incondicionales.

Todas ellas y algunas más, he conseguido registrarlas, conocerlas, identificarlas e incluso anticiparlas y adivinarlas antes de que aparezcan. Y es increíble como suceden e iluminan, como transmiten y contagian si les prestas la suficiente atención. 

Vivo con ellas y las exprimo todo cuanto puedo. 
Me las regala. Las adoro.
Sé que pueden quedarse conmigo, que las puedo guardar. Se han convertido en mis tesoros, las tengo agarradas. Ahora también son mías, se las he conseguido robar, sin quitárselas.

domingo, 28 de abril de 2013

Su cuerpo de mujer

Ojalá se viera en mis ojos. Ojalá mi mirada le pudiera hacer de mejor espejo. Ojalá pudiera verse reflejada como yo la veo. 

Entonces entendería que todo lo que tiene puede admirarse. 
Y que motivos no le faltan. 


Empezando por su boca, de labios oscuros y finos. De sonrisa perfecta, que ha iluminado cientos de mis madrugadas. Su nariz pequeña y sus enormes ojos. Ojos negros imán, que me absorben y me esconden a un lugar donde solo me puede encontrar ella. Siguiendo por su pelo también negro y rizado, que destapa sus pequeñitas orejas. Su pelo, largo o corto, recogido o al viento, siempre brillante. Todo conformando un rostro de belleza indiscutible. Uno de los mejores retratos que haya podido desear al abrir mis ojos por las mañanas. 

Bajo por su cuello, siempre con sus perfumes que me atrapan. Su espalda firme, a la que me encanta agarrarme cuando me hace el amor. Sus fuertes y grandes brazos que me apasionan. Acabados en sus manos no-perfectas que me tocan y me hacen volar infinitamente. Sin olvidar sus pechos preciosos e indomables, en los que duermo cuando me coge y me abraza. Pero su cintura ya es algo indefinible, más cuando se mueve al ritmo que aun hoy no he logrado descifrar. Su culo increíble, que define su silueta cuando se tumba de lado, es algo que hay que presenciar. Pero su entrepierna ya es demasiado para vosotros. Aunque aun quedan sus piernas suaves y enérgicas. Y sus graciosos pies que se mueven al compás, como si estuvieran nadando dentro del agua, antes de dormirse. Y todo eso, su cuerpo, envuelto en su piel morena radiante, que nunca olvido a acariciar. Su piel, mi color favorito, que a pesar de las estaciones se mantiene siempre en esencia. 
Toda, toda ella, increíble. 


Ojalá me entendiera. Ojalá se viera, solo por un minuto, como la yo la veo. 
Entonces, lo comprendería todo.

lunes, 15 de abril de 2013

22

Los días 13 y 14 han sido el regalo de un Dios que no existe. 

Ya que, en menos de 48 horas he visto todos los ojos brillantes que me acompañan en lo que yo he decidido que es mi jodidamente estupendo paraíso. Y en su inmensidad, cada uno de ellos, ha construido conmigo mi acercamiento a la felicidad. 

Existo para mi y, luego, para ellos. 

Para todos ellos y para ella. Mi favorita.
Que me hace sentir enorme en estos tiempos de pequeñez universal. 
En una noche calurosa y de madrugada con unos grados de alcohol. 
Con movimientos lentos que descienden. 
Sumando dos como si el mundo no pudiera ser de otra manera.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Deshidratación de huesos

Hay heridas que queman lento. A veces cuando no lo esperas y otras con la quinta cerveza a media tarde. Que llegan a resurgir como un rasguño de primavera, que te irrita el alma y te supura el cielo. Heridas derivadas o integrales, que no sacian ni educan.

Hoy las he visto en ella. Como puños y como escarcha. Con una expresión del fuego y al aire libre. Sin trastiendas, fuerzas, ni metas.

También las he visto en mi. Como brisas y como humo. Con pánico escénico y contención. Sin consuelo, orgullo, ni valor.

Quizás esas horas nos han brindado una oportunidad de estar aquí con lagrimas llenas de besos. Como una prueba sin trampa. Quizás nos ha unido el coraje de desgarrarnos para la otra. Como un acto sin pretensiones, ni matices. Quizás nos hemos salvado.



A peso y en silencio, se carga lo que no se osa reconocer vivido.
Y a pesar de ello, lo hemos gritado. Y nos ha llevado al abismo al que, una vez más, no nos hemos permitido caer en vacío.