lunes, 11 de julio de 2011

Pensa-miento

A veces me importas menos.
Algunos lunes, que ya saben a martes ruidosos, incluso me molestas. Vienes aquí, dando por sentado que tienes asiento reservado en la zona VIP, con vistas al mar. Y me jodes.
Cuando decides alardear de tus decisiones de burguesa. Gritándolas, como una quinceañera emocionada. Y me dejo joder.

A veces te veo venir con tu sonrisa puesta, que no me convence. Pero menos me convenzo.

Me apareces como una intrusa y quiero cerrarte mi bar con derechos de admisión. Aporreas la puerta y hago oídos sordos, pero no rezo.


Y entre tanto movimiento interno, cuando ya me duelen los parpados, sales de la nada entre el humo.

Pero hoy decido dejar de perderme en el viaje que nunca hice. Hoy decido quererte menos. Y apartarte.

martes, 5 de julio de 2011

Mzeuna

Los días de sol empiezan a crecer. Mis niños gritan cada día como si el mañana no fuera a existir nunca. Las jornadas pasan, vuelan y me enseñan lecciones vitales increíbles.
Por primera vez, me levanto por las mañanas sin problemas. Me cargo de valor, de las energías que he perdido en vano durante tanto tiempo. Juego a saber más de lo que parece, a simular que los límites de la diplomacia quedan muy lejos de este barrio.

Cada día estoy mas convencida de que la felicidad no es un estado, sino una decisión. Y aunque me pareciera imposible, ahora ya me veo capaz de decidir que los fantasmas sólo volverán cuando yo quiera, y no cuando lo quieran otros.

De repente me encuentro bajo este sol, muy distinto al que había hace un par de años. Las cerveza fría, y muy merecida, me sabe a gloria. Me la tomo en una terraza cualquiera mientras los "guiris" pasan con prisas direccionados a admirar alguna otra estupidez humana. Miro hacia la silla que tengo al lado y sonrío. Le vacilo, pero no le miento. Porque las mentiras también forman parte de un juego infeliz del que ya me he retirado. Ella me mira mientras brilla.

Lo difícil lo hicimos ayer, lo imposible es lo que estamos consiguiendo hoy y mañana haremos los milagros que tanto pedimos. Y sea como sea, o pasara lo que fuera, Nupa es igual pero distinta y ya no es desesperanza. Los excesos a la intimidad no son, pero sólo por el cariño contenido que racionamos poco a poco. Ya no hay destrozos reprimidos de alcohol.
Nupa pisa fuerte y yo le acepto el reto.

viernes, 24 de junio de 2011

Forense

Hoy es noche de verano, un verano caducado. La noche triste de las cosas que nunca dije.
Y aunque en Uruguay dicen que igual eso de la edad es relativo, diría que a veces cuando llegas tarde, ya no vuelves a alcanzar nunca el punto de llegada. Vuelves a los enfoques de fuga, a los puntos de partida y a los escapes de un stand by.

Parece sencillo cuando te sacan con amabilidad todo lo que quisieras borrar de tu vida. En una sala clara y fría, donde dos hombres te miran con cierta incredulidad y reescriben cada destrozo. No puedes negarte y menos desaparecer entre detalles.
Hablo como si pudiera dormir con ello, de aquellas épocas en que éramos un único todo. Algo enfermizo y sobrepasado de los límites supuestamente humanos.
Hablo de tu poca sensibilidad y tus mentiras piadosas como si no se me fuera la vida en ello. Hablo de los homicidios internos que provocaste y te sigo defendiendo a continuación, como si fuera los más natural del mundo.
Salgo, casi en flotación inerte. Me alejo preguntándome cuál sería el número que seguiría la serie de desconciertos. Ya que tu imagen mental me mira con condescendencia, yo me convenzo de que ya no me quieres para nada.


Y acabo temiendo los veranos. Como si el sol, del que me escondo, fuera a quemarme y a deshacer todo lo que no he preservado.

lunes, 20 de junio de 2011

Sin red de matices

Hay días en que de golpe me despiertas. Abro lo ojos y te encuentro, como si no te hubiera perdido nunca antes.
Esas noches en que el caos me envuelve y viene la pena callejera, que es más dura que triste. Y sales de cualquier lado diciendo: No pienses, sólo duerme. Mañana ya saldrá el sol por alguna parte.

Esos días en que las hojas caen imperfectas sobre las aceras de mi ciudad gris, donde los bufones juegan a ser conscientes. Y mis silencios acumulados son igual de fuertes que tus verdades descafeinadas. Porque lo mio son los pre-estrenos y los finales con segundas y terceras partes. Y tu sueles ser la antagonista de los grandes temas nacionales. Pero, a veces, nos perdemos en los hilos argumentales de la función no apta para menores.


Y recuerdo que hay días en que parece que lleves el corazón guardado en el bolsillo, por si hay que ofrecer unos gramos de cariño, puedas tenerlo a mano. Y yo te admiro y decido adorarte a lo lejos y más allá.
Pero hay partes de mi que no me dejan. Porque nunca se me ha dado bien dejar que me cuiden, y me quedo aturdida. Como a quien le pasa un tren por encima y no es capaz de contar cuantos huesos se ha roto. Así me paso la vida, cuando no me lo impides.
Te miro des del suelo y, si le gano a mi orgullo, me agarro fuerte. Porque sé que no me soltaras, que no me llevaras hacia el barranco, que me dejaras acercarme al precipicio sólo para que vea cuantos metros podría tener la siguiente caída al abismo. Y una vez valorados los daños colaterales, te giraras con una sonrisa y me dirás: Me sé otro camino más seguro, aunque quizás nos lleve a cualquier otra parte.

domingo, 22 de mayo de 2011

El sentido común es el menos común de los sentidos

El cielo es bajo, las flores liquidas, el suelo se mueve, la libertad es triangular, el sexo intangible, la música de colores y el sol una luz de neón.

Descansa y coge aire. Para y respira. Apartate y vuelve, o no.
Pero nunca desvíes la mirada, por si acaso.

Que me quedan muchas noches de palabras sordas, muchas carreteras donde perderte, mucho desenfreno sonriente, muchas cuestas que sudar, muchos despertares poco iluminados, muchas olas que saltar, muchas subidas y bajadas, mucha coordinación asustada, muchos no-finales ambiguos, mucha locura concentrada, mucho cariño invisible, muchos acordes para retarte, muchas apuestas dadas por perdidas, muchas canciones inolvidables, muchas luces que apagar, muchas sensaciones escondidas, mucho control esterilizado, muchas mañanas que madrugar para acabar fumando sobre la cama en tu ventana
y mucha falta de vocabulario para explicártelo.

Ahora si, respira. El pasado no es más que eso, hoy es hoy y mañana quién sabe.
No puedo definirtelo, porque aun lo estoy buscando. Pero si me dejas te lo enseño. Quizás así lo vea claro. Ayer me di cuenta que después de todo, sólo necesito ir a cualquier otra parte.
Si tu también almacenas cosas que no sabes explicarte, sígueme. Coge cuatro cosas importantes y deja lo demás. Aquí y ahora no hay sitio para más.
De camino te contaré una historia. Agarrate fuerte, piénsalo cinco noches y después súbete.
A medias, a por todas o a por nada. Me da igual, eso son cosas de mujeres. ¿Vamos?

lunes, 16 de mayo de 2011

Cláusulas

Hicimos un pacto,
mucho mas allá del tacto ni del papel.
Lo hicimos a consciencia y sin temor, sin rencor.
En una noche poco fría, por si acaso, en un escenario todo tuyo que sentía mio también.
Lo hicimos siempre y en años, lo repetimos para no olvidarlo.


Pero yo ya no se si te acuerdas...
De aquel rincón, de mi rincón de tu casa. Que recogía y guardaba todo lo que un día nos separó. Donde me refugiaba cuando el mundo podía conmigo y siempre venias a buscarme para salvarme.
De aquel balcón, el único encendido a cada sombra y cada sol. El que se quedaba abierto por si el adiós era demasiado largo, o si se nos iba de las manos el apagón.
De aquel verano en las casas blancas. De todas, las pocas que tenían lo que nunca nos faltó y nos reafirmó, en un reloj poco estresado.
De aquellas noches de ciudad, donde poco más quedaba que correr entre las piedras de tu bonito barrio. Contra el viento y el dolor...arrasando.
De aquel piano, el sólo tuyo. Que nos llevaba y trasportaba donde queríamos atardecer. Con tu música, que nos hacia más suicidas las tardes de domingo.
De aquella foto, de sesión poco infantil. De nada y de todo. De un día cualquiera, que llenaba cada hueco (si lo había) de pasión.
De aquellos viernes, nuestro peor día de la semana, con antelación. Donde todo lo menos vivido podía volverse a la suerte del perdedor.
De aquel estilo, el único y nuestro. Que siempre volvía a caer sobre el colchón. Parando temporales y descansando bajo el calor.


Ya no se si te has olvidado, si algún día se escapó de tu mente.
O si, por lo que fuera, algún recuerdo te atrapó...
Y te recordó, que aunque nunca volviéramos a vernos, aunque el tiempo causara estragos... hicimos un pacto.

domingo, 15 de mayo de 2011

Una razón

Había días en que intentaba entrar en calor. Y no había manera.
Tenia frío pero también fuerzas. Porque había una razón para todo eso.

La hubo poco después de lo peor que me ha pasado hasta ahora. Todo lo que nunca hubiera podido imaginar.
La ha seguido habiendo también en los años asfixiantes, donde me encontraba tan mal y otros decían que no era nada. Donde me dejé ganar y pisar, una y otra vez.
Continuó habiéndola en esos días en que los relámpagos cruzaban y rompían, y caía el cielo.
La ha habido también en cada fracaso, cada "qué coño hago ahora con mi vida".
Me he caído muchas veces. Me he equivocado muchas otras. He sufrido (como todo el mundo). Me traicionaron personas que se supone que deberían haberme querido y cuidado.

Pero soy una chica con suerte porque mientras todo eso pasaba tuve la fuerza para recordar y aprender luego. Y me di cuenta de que no era la felicidad lo que me asustaba, sino la expectativa de ser feliz.
Soy una chica con suerte porque también lo tuve a él, mi padre, aquel adulto que nunca me trató como una niña. A mi madre, que siempre estuvo aquí y siempre lo está. Y a mi hermana, el mejor regalo de mi vida.
Soy una chica con suerte porque incluso en los peores momentos siempre tuve algo a lo que agarrarme.
La vida, ella solita, se encarga de servirnos el sufrimiento en bandeja. De hacérnoslo tragar tapándonos la boca si hace falta.
Nosotros tenemos la decisión sobre como afrontarlo. El sufrimiento y lo otro.

Me he levantado muchas veces. Va a seguir doliendo. Y hasta hoy va sanando, de algún modo. Acercándome a ser aquella persona que años atrás había querido ser.
Y al menos, ahora, puedo entrar en calor.